martes, 22 de diciembre de 2015

ORIGEN
























Madre espera
en el patio de los rosales
y los helechos.

La labor intacta
sobre el regazo,
como pañales vacíos.
Sus manos de tiempo
todavía acunan
en una distracción de la memoria.

En el patio de los rosales
y los helechos
los niños juegan con alfileres
a prender la tarde sobre las siemprevivas
para prolongar su grito de guerra
contra las descargas de la noche.

Olor a madre en la cocina
mientras el pozo se tragaba
la algarabía insolente
en un océano profundo y quieto.

El patio de los rosales
y los helechos...
Sumergido dentro del pozo,
acunándose
en las risas, los gritos desafiantes,
olores, sabores disueltos...
y la luz
eternamente prendida
de la tarde
que se había deslizado traicionera
cuando los niños le dieron la espalda.
Madre,
acunándose en el fondo,
lenta,
ondulada.

El patio donde crecían las rosas
pero también se agrandaban los helechos
es sólo una pequeña onda
que apenas estremece
la orilla remota de mi recuerdo.

Porque decidí buscarme,
madre,
lejos de la tarde, cada vez
más lejos,
a donde el tiempo se da la vuelta,
y era el patio
de rosas y helechos,
y era la tarde,
y eras tú,
aguardándome
bajo la garganta profunda
de nuestro pozo.

Astrografía para los niños perdidos

lunes, 14 de diciembre de 2015

JACARANDÁ




















Existe el invierno,
salvo en Jacarandá,
fundada en tiempo de nadie,
en medio de todas las plazas
de los niños que corren
hasta derrumbarse sobre la vida
de las rodillas sangrientas,
donde no hay madres que las remienden
con salibitas
...salvo en Jacarandá,
esperándote en las afueras
del torrente doloroso
que marca tu afluente
al rasparse con la existencia.

Nadie te espera,
salvo Jacarandá,
cargado de instantes azules
que ofrecerte mientras esperas
el instante que sólo te ofrece
Jacarandá.
Esperas y pierdes
lo que queda al abrigo
de las raíces de Jacarandá.

Porque existe la muerte...
salvo en Jacarandá,
venido del sur de donde vienen
todos nuestros sueños,
imperturbable bajo la tiranía
de nuestras estaciones,
al que nos podemos abrazar
con las rodillas enfermas
y el corazón y los sueños
arrasados por los inviernos y veranos
cada vez más implacables,
más lejanos a nosotros mismos
que no somos otra cosa
bajo todos estos uniformes
y estas medallas acaudaladas
que sólo raspan más
en nuestro torrente,
no somos otra cosa
que esos niños que corrían
levantando las flores
de Jacarandá
hacia el azul de la tarde
estrellada.

...en este extraño mundo.

SED





















Hasta los cactus se enamoran

tendiendo lacerantes sus púas
en medio del desierto
incluso su caparazón punzante
hiriente
guarda en sus venas todo el agua
que pudo arrebatarle al lejano aliento
de los oasis
deseando un cuchillo más afilado
que él mismo que lo descuaje
en el mismo centro
de la brújula rota del desierto
entre torbellinos de arena
y espirales de sal que se tragan
a todos los aventureros
que tuvieron el valor de abandonar
el safari fotográfico de doscientos dólares.
Y el que sobrevive sólo encuentra
jirones de piel entre los brazos letales
de los cactus
espejismo de vida cuyas entrañas
sólo las conocen las arenas movedizas
encargadas de limpiar el desierto
de libertadores fantasmas

Sólo arena y viento para los cactus
que también se enamoran

Sólo arena y espera

Sólo desierto
para sus brazos tendidos.

Astrografía para los niños perdidos

viernes, 11 de diciembre de 2015

SIN RETORNO
















El camino será
tu amante fugitivo
que te dejó esa mañana
después del rito caníbal
de piernas y cuello.

Te quedará arrastrarte
tras el borde de su hálito
mientras los pájaros engullen
tus jirones rojos y amarillos
que estallarán en su canto
con la misma pregunta
que se desprendió de tu boca
antes de despedazarte.

Tus desechos esparcidos
por el camino
que no se volverá

para mirarte.

Astrografía para los niños perdidos

CONFINES

CONFINES




















Como las antiguas hechiceras,
las damas de los confines
y sus gatas cohabitan
en palacios aislados por un cerco
de laberintos ajardinados
donde Ariadna es el centro
fagocitador de la madeja.

Las damas de los confines
y sus gatas se afanan
en recorrer sus setecientas estancias
antes de que las atrape la noche
para dormir a salvo
del aliento estremecedor del pasillo.
Una vez hubo un siervo,
pero pronto fue expulsado;
interrogaban demasiado sus ojos
de pedigüeño.

Gatas y damas no preguntan,
se miran un instante
para sentir compañía
y continúan su recorrido
inexorable
de habitaciones y pasillos
desmantelados.
Siempre duermen juntas
y se despiertan a la vez
para seguir sin palabras,
sin promesas,
sin motivos,
la ruta arañada en su corazón.


Astrografía para los niños perdidos