
Madre espera
en el patio de los rosales
y los helechos.
La labor intacta
sobre el regazo,
como pañales vacíos.
Sus manos de tiempo
todavía acunan
en una distracción de la memoria.
En el patio de los rosales
y los helechos
los niños juegan con alfileres
a prender la tarde sobre las siemprevivas
para prolongar su grito de guerra
contra las descargas de la noche.
Olor a madre en la cocina
mientras el pozo se tragaba
la algarabía insolente
en un océano profundo y quieto.
El patio de los rosales
y los helechos...
Sumergido dentro del pozo,
acunándose
en las risas, los gritos desafiantes,
olores, sabores disueltos...
y la luz
eternamente prendida
de la tarde
que se había deslizado traicionera
cuando los niños le dieron la espalda.
Madre,
acunándose en el fondo,
lenta,
ondulada.
El patio donde crecían las rosas
pero también se agrandaban los helechos
es sólo una pequeña onda
que apenas estremece
la orilla remota de mi recuerdo.
Porque decidí buscarme,
madre,
lejos de la tarde, cada vez
más lejos,
a donde el tiempo se da la vuelta,
y era el patio
de rosas y helechos,
y era la tarde,
y eras tú,
aguardándome
bajo la garganta profunda
de nuestro pozo.
Astrografía para los niños perdidos


