lunes, 14 de diciembre de 2015

JACARANDÁ




















Existe el invierno,
salvo en Jacarandá,
fundada en tiempo de nadie,
en medio de todas las plazas
de los niños que corren
hasta derrumbarse sobre la vida
de las rodillas sangrientas,
donde no hay madres que las remienden
con salibitas
...salvo en Jacarandá,
esperándote en las afueras
del torrente doloroso
que marca tu afluente
al rasparse con la existencia.

Nadie te espera,
salvo Jacarandá,
cargado de instantes azules
que ofrecerte mientras esperas
el instante que sólo te ofrece
Jacarandá.
Esperas y pierdes
lo que queda al abrigo
de las raíces de Jacarandá.

Porque existe la muerte...
salvo en Jacarandá,
venido del sur de donde vienen
todos nuestros sueños,
imperturbable bajo la tiranía
de nuestras estaciones,
al que nos podemos abrazar
con las rodillas enfermas
y el corazón y los sueños
arrasados por los inviernos y veranos
cada vez más implacables,
más lejanos a nosotros mismos
que no somos otra cosa
bajo todos estos uniformes
y estas medallas acaudaladas
que sólo raspan más
en nuestro torrente,
no somos otra cosa
que esos niños que corrían
levantando las flores
de Jacarandá
hacia el azul de la tarde
estrellada.

...en este extraño mundo.

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