Hasta los cactus se enamoran
tendiendo lacerantes sus púas
en medio del desierto
incluso su caparazón punzante
hiriente
guarda en sus venas todo el agua
que pudo arrebatarle al lejano aliento
de los oasis
deseando un cuchillo más afilado
que él mismo que lo descuaje
en el mismo centro
de la brújula rota del desierto
entre torbellinos de arena
y espirales de sal que se tragan
a todos los aventureros
que tuvieron el valor de abandonar
el safari fotográfico de doscientos dólares.
Y el que sobrevive sólo encuentra
jirones de piel entre los brazos letales
de los cactus
espejismo de vida cuyas entrañas
sólo las conocen las arenas movedizas
encargadas de limpiar el desierto
de libertadores fantasmas
Sólo arena y viento para los cactus
que también se enamoran
Sólo arena y espera
Sólo desierto
para sus brazos tendidos.
Astrografía para los niños perdidos
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