CONFINES
Como las antiguas
hechiceras,
las damas de los confines
y sus gatas cohabitan
en palacios aislados por
un cerco
de laberintos ajardinados
donde Ariadna es el
centro
fagocitador de la madeja.
Las damas de los confines
y sus gatas se afanan
en recorrer sus
setecientas estancias
antes de que las atrape
la noche
para dormir a salvo
del aliento estremecedor
del pasillo.
Una vez hubo un siervo,
pero pronto fue
expulsado;
interrogaban demasiado
sus ojos
de pedigüeño.
Gatas y damas no
preguntan,
se miran un instante
para sentir compañía
y continúan su recorrido
inexorable
de habitaciones y
pasillos
desmantelados.
Siempre duermen juntas
y se despiertan a la vez
para seguir sin palabras,
sin promesas,
sin motivos,
la ruta arañada en su
corazón.
Astrografía para los niños perdidos

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