miércoles, 30 de septiembre de 2015

Vera- Cruz con luna


VERA-CRUZ

El que quiera
De veras
Seguirme
Que reniegue de su zulo.
Luego, tome su luz
y alumbre el camino

Vera-Cruz




VERA-CRUZ

El que quiera
De veras
Seguirme
Que reniegue de su zulo.
Luego, tome su luz
y alumbre el camino

Uyuni, 2013

Uyuni, 2013

Siempre hay flores enterradas
bajo la arena del desierto.
De nada sirven la brújula,
los mapas cartográficos
ni los tours con parada fotográfica incluida.

Encuentra tu corazón.

Escarba con las manos,
arrástrate de rodillas hasta que el desierto te desolle
con sus agujas.

No es fácil el desierto.
No devuelve las llamadas perdidas
ni cubre los servicios de emergencia.

El desierto es solo
arena, sol,
la sed y tus manos.

...Y las flores
que guardan tu corazón
en algún lugar no etiquetado del desierto,
que sólo encontrarás si te quedas
de rodillas con las manos desolladas.

Y lo encontrarás.
No importa cuándo.
Lo encontrarás.
Y te deslizarás por la cascada de flores
que te llevan al camino prometido,
tu camino verdadero
que pasan de largo las caravanas turísticas.
El mundo se reescribirá
con las líneas de tus pasos.
Y caminarás por el sendero de las flores
y ya no te detendrás nunca.


Maria Antonieta y el árbol de los juegos















MARIA ANTONIETA Y EL ÁRBOL DE LOS JUEGOS
Nadie te echará de menos
Cuando te arranquen de la tierra.
Sin tronco,
¿quién te llorará?
Sin tus crujientes ropajes,
¿quién te recordará?
Nadie te amó lo suficiente
Como para darte sepultura.
Nadie te tuvo la suficiente piedad
Como para rezarte con lágrimas.
Ningún rincón de palacio
Puede calentar tus despojos.

Fuera, en el jardín,
Un columpio se mece al recordar
Tu peso tierno
En los crepúsculos sombríos
Del invierno en Versalles.
Y un árbol desgajado
De las grandes avenidas
Llora hojas secas
Sobre tu corazón,
Que te dejaste allí, con las prisas,
Cuando te bajaron del columpio.


The end

THE END
Y al filo de los años
Te quedo sólo yo.
Ya ves, huyeron los príncipes
Que los cuentos teñían de azul,
Se llevaron sus palacios deslumbrantes.
Ya ves qué fácil es plegar
Un espejismo.
Te abandonaron justo al borde
Del verano.
Deshilachada,
De cara a los vientos del norte,
Te encuentras al final,
Conmigo,
El que entró junto a ti
En el palacio estival de los cuentos,
El que permaneció contemplando
Tu dulce rostro encendido
Por las sonrisas de los príncipes
Que te estrechaban en los bailes.
El que está aquí,
Ahora,
En este abismo final,
Contigo.

Siempre estaré contigo.
Y sé que no es mucho,
Que yo no soy mucho
Junto a tu sagrada presencia,
Pero no puedo,
No puedo hacer otra cosa,
Estar en otra parte,
Mirar otros ojos.

Permíteme tu mano,
Sentir que no estás sola.
Aunque no sea buen consuelo
Ni lo mejor de tu vida.
Es que al final, sólo yo quedo,
Pero quedo contigo.





Monólogo de Ibiza a Formentera

MONÓLOGO DE IBIZA A FORMENTERA
Te miro,
Aun desde la estricta aduana
De la noche
Te puedo distinguir
Entre las miles de fauces abiertas
Que se han atragantado con la luna
Y ahora se detienen ante ti
Con sus colmillos relucientes
De sangre blanquecina
A observarte
Como yo.

Porque es imposible llegarte
Con dentelladas o besos.
Ya lo saben mis rocas estiradas
Hacia ti
Hace tantas eternidades
De silencios y noches depredadoras
Como esta
Que ya no recuerdo
Cuándo te las lancé.

Primero quise penetrar
En tu cuerpo desposeído de ojos
Y de alguna señal que lo supiera habitable.

Luego sólo quise rozarte,
Me conformaba con sólo rozar tu orilla
Estéril
Sólo para comprobar que eras real…
¡Me devoraría las entrañas
Sólo por sentir tu existencia
Y respirar tranquila!

Terminaron por quedar así mis manos
Hacia ti petrificadas
A merced del cuchillo punzante
De las olas,
Lejos de ti y de mí,
Tan lejos tanto tiempo
Que ya no las recuerdo mías.

Te daría todas las luces
Que me estallan
Sin medida
Por cada poro de mi piel
(faros que encendí
Para que tú los vieras).
Y te daría toda la música
Que expando para ti,
Y todos los atardeceres
Que exhibo para ti.
Y cada vela que tiembla en mi orilla
La hago soplar hacia ti.

Porque todo lo que he hecho
En todos estos siglos inútiles
Ha sido para ti.

Tú, mi tierra sin ojos,
Sin luces, sin rocas.
Tú, acantilado puro
Que me devuelve sólo
El reflejo de mí misma,
Que soy yo sola…
Yo sola…

Tú permaneces intacta.






King Kong sobre el suelo de Manhattan

King Kong sobre el suelo de Manhattan

Yo la tuve entre mis manos,
Desnuda,
Como perla de los mares ardientes.
Y ocupaba una palma de mi mano,
Tendida y deshecha en lágrimas,
Acuosa,
Como un charquito de mar cálido.
Y me quería, ¡ella me quería!...
O yo la quería a ella
Y mi amor traspasó el límite
De mi cuerpo a su propio cuerpo.
No sé…
Pero aprendería a amarme…
Sí…
Y yo aprendería a llorar con ella,
A sufrir con ella el recuerdo
De ese barco perdido
En el horizonte lejano
De esta isla sin nombre.

Yo…la defendería, pelearía
Sin tregua
Por hacerle un escudo de diamante
Que nadie pudiese traspasar.
Cada gota de mi sangre, cada
Luz de mis ojos me arrancaría
Por construirle un paraíso
En medio de esta selva primigenia
Donde todo puede volver a empezar…
Volver a vivir…

Y llegaron ellos… esos hombres,
Tronchando la maleza,
Asustando a mis súbditos
Con armas de occidente,
Bautizando con pólvora
Cada rincón sagrado de mi templo.

Por ti hubiera dado la vida…
Por ti he dado la vida…
Buscaba mi casa…
Tu amor…
Encontré tu mirada metálica
Trazando la muerte sobre el aire.

Yo te amé contra mi propia existencia,
Tú nunca lo entendiste ni podrás entenderlo,
Vida mía,
Como el Empire State Building no entiende

De montañas negras sin mapas ni rutas.