MONÓLOGO
DE IBIZA A FORMENTERA
Te
miro,
Aun
desde la estricta aduana
De
la noche
Te
puedo distinguir
Entre
las miles de fauces abiertas
Que
se han atragantado con la luna
Con
sus colmillos relucientes
De
sangre blanquecina
A
observarte
Como
yo.
Porque
es imposible llegarte
Con
dentelladas o besos.
Ya
lo saben mis rocas estiradas
Hacia
ti
Hace
tantas eternidades
De
silencios y noches depredadoras
Como
esta
Que
ya no recuerdo
Cuándo
te las lancé.
Primero
quise penetrar
En
tu cuerpo desposeído de ojos
Y
de alguna señal que lo supiera habitable.
Luego
sólo quise rozarte,
Me
conformaba con sólo rozar tu orilla
Estéril
Sólo
para comprobar que eras real…
¡Me
devoraría las entrañas
Sólo
por sentir tu existencia
Y
respirar tranquila!
Terminaron
por quedar así mis manos
Hacia
ti petrificadas
A
merced del cuchillo punzante
De
las olas,
Lejos
de ti y de mí,
Tan
lejos tanto tiempo
Que
ya no las recuerdo mías.
Te
daría todas las luces
Que
me estallan
Sin
medida
Por
cada poro de mi piel
(faros
que encendí
Para
que tú los vieras).
Y
te daría toda la música
Que
expando para ti,
Y
todos los atardeceres
Que
exhibo para ti.
Y
cada vela que tiembla en mi orilla
La
hago soplar hacia ti.
Porque
todo lo que he hecho
En
todos estos siglos inútiles
Ha
sido para ti.
Tú,
mi tierra sin ojos,
Sin
luces, sin rocas.
Tú,
acantilado puro
Que
me devuelve sólo
El
reflejo de mí misma,
Que
soy yo sola…
Yo
sola…
Tú
permaneces intacta.

No hay comentarios:
Publicar un comentario