jueves, 12 de noviembre de 2015
GRETEL
En mis noches de cieno y barro
planeo una fuga de azúcar
bajo un techo volcánico.
Y me creo que Gretel puede morderlo,
royendo sus trozos lentamente,
hora tras hora,
avanzando como un gusano en la noche.
Atrás quedó la bruja, allá abajo,
con la boca llena y el vientre satisfecho.
Llega la aurora al tejado
destapando una niña entre las tejas.
Saborea una con trocitos de nata.
Gretel tumbada mira
un algodón de azúcar inmenso.
Gretel, desgarrada, masticada,
canibalizada...
Gretel se pone en pie y se desmonta,
se desabrocha los ojos y los dedos,
se cuartea, se muele,
se arroja otra vez por el hueco
donde la bruja espera,
se despide con un adiós y que aproveche.
El rastro de una sonrisa
es su última presencia
antes de dejarse llevar por el viento.
Recreaciones.
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