sábado, 21 de noviembre de 2015

OZ





















No, ya no hay salida.
Después de quitarse las lentes
ya no hay marcha atrás,
y descubres que las esmeraldas son
un color ahumado superpuesto.
Como si Elvis Presley fuésemos todos
y nos empeñáramos en ver
la vida color brillantina.

Pero se descorrió el decorado de Oz
y Elvis tuvo que engordar y suicidarse.
Y hay que volver a casa
sólo porque el camino no da más de sí,
y se empeñan las hadas buenas
de los niños buenos
que nunca cruzarán lo marcado,
como tú.

Y entonces pides deseos imposibles,
que resuciten las brujas
que te secuestraron,
que el león tenga coraje, y corazón
la hojalata,
que de veras todo pueda
hacerse otra vez.
Y tener manos de dioses
y amapolas azules
en el cuadro impresionista
que coloreó tus sueños.

Por eso saltaste de tu ruta,
para pedir la revancha al destino
que siempre te castiga al regreso.
Pero, por más que golpees el cristal,
el deseo ya estaba previsto,
sólo había uno que pudieras pedir:
Explotó sordo y se hizo el mundo,
los ojos fracturados de luz.

Se volvió a casa y se prometió
no retornar a Oz jamás.

Re-creaciones

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