
La noche siempre ha sido redonda.
Mis ojos infantiles
se ahorcaban en ella,
mis pequeños pies ya se mecían
en su envoltura de araña.
La noche siempre ha sido helada.
Mis arrugadas retinas
se aprietan la soga de memoria,
se envuelven solas en la maraña.
Menos risueña, eso sí,
no hay quien consiga mecer
esta lápida de sal.
Pero es la misma,
como la noche:
helada,
redonda,
Los mismos sueños atrapados
en el hueco de su misma
trampa.
Calendario nocturno
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